Canta desde Quisqueya el alma

Michelle Ricardo
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La vereda es una trama.
Es un enlace de puente
con montura.
---Acércate.
La Isla palidece dentro de los contratos.
Por encima,
en este ahora,
está el Olvido.
Es camino largo y tendido.
La comprensión es nefasta.
La conspiración en la Hacienda perversa.
El Jefe desmonta el caballo blanco.
Se lustra las botas de gamonal       negras.
Bebe sorbos de Champaña.Se arregla la melena.
Los jefes vienen con tacones altos.
Beben sorbos de cervezas.
Se limpian de excesos la manga.
El resto, permanece en existencia.
El Oro, la peor ofrenda.
¡Isla verde
montaña que preña
Los cascos del caballo se hunden en la tierra.
¡Arráncale los dientes!
El Jefe viene pisando fuerte sobre la cuesta.
El resto permanece
con la intención en letargo.
El vapor del romo sube, a las doce exacta.
El vapor es.
Al cuerpo le suda la entrepierna en la montura.
Se la calienta y se la pone dura.
Los demás se limpian los excesos con la Casa.
---Oye, oye Caribe. Canta desde la cigua la palma.
La Isla es Prieta.
El Jefe se ajusta los lentes y son las doce exactas en la sierra.
El canto es silencio en este ahora.
Los postes del tendido eléctrico,
yacen como muertos en las polvaredas.
Las yaguas tosen temiendo.
Y caen las hojas al viento en esta hora.
Son las doce exactas.
Los niños se mecen en lo altos de la rama inhalando.
El vapor.
---Aléjate.
El sol calcina, tuesta, cuece.
El Jefe se apura y llega.
El tinte se le chorrea, salobre se vuelve la boca.
Desde la parte afuera vino cortando el viento.
El golpe fue certero

---Oye, oye América. Canta desde Quisqueya el alma.

Inriri

Michelle Ricardo
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La lengua se movió

acariciando el cielo     la boca.

Desde la glotis subió

arañando los bronquios.

Salió en un silbido.

Se atropelló en los dientes

y afuera

se escuchó en quejido.

Salió y emulo el cantar de hogueras.

Las melodías de troncos huecos

que desde el centro

traían palabras de dioses y cielos.

La mancha era como una herida en la cueva.

Desde el fondo

sus ojos amarillos resplandecían

superponiéndose a las penumbras,

el penacho rojo restallaba y el pico largo

se asomaba tomando agua.

La diosa estaba tomando agua.

Sus pechos al aire

colgaban de sus cuerpos como frutas maduras.

Por las paredes húmedas

se asomaban todos,

los restos.

Hombres, demonios y animales de la Isla.

El hueco entre sus piernas sangraba,

de cada gota nació una mujer con toda la historia humana.

Fueron blancas y amarillas y verdes y rojas y negras.



---Estabas aquí desde antes, son darte cuenta.

La voz se alzó oscura y espesa

desde las profundidades.

Y el lugar se inundó de aroma de cenizas y miel.


Cantaron todos.


Inriri, estas aquí.

Estas aquí, Inriri.

Inriri, estas aquí.

Estas aquí, Inriri.



Así,

una cadena brillante

                           sobre el penacho

apartó la oscuridad.

A Mena en el cumple de Ale

Michelle Ricardo
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Matarle los ojos a la noche.
A la luz
que no llega.
Al vacío
que intercede más allá de la palabra.
A la flama que es constante de ensueño.
Al tú
que reverbera en la orilla de la sal.
Al origen
de idioma ancestral.

Somos la pausa del tiempo.
Tiempo es pausa donde somos.
Soy.

Y matar,

siendo el Encuentro.